
El guinche ñato y su chofer nadador
En medio de tantas historias que guarda el Campamento de Agua y Energía (AyE) de Luis Beltrán, la del camión guinche “ñato” es como para escribir un libro gordo de aventuras.
Aquí se contarán algunas de ellas. En especial, la del día que cayó y se hundió en la bocatoma del río Negro. Su conductor, el “Pollo” Colón, salvó su vida a puro nado; y también gracias a la mano y ramas que le tiraron desde la orilla los compañeros.
Las del guinche son historias a las que pudimos acceder con una primera pasada, luego de verlo estacionado en su descanso ¿ya final? en el barrio Campamento.
Lucas Frank, gerente del Consorcio de Riego de segundo grado, ayudó a orientar la mira para reconstruir la vida de esta máquina pintoresca.
Justo en la vereda que está frente al edificio blanco del Consorcio, descansa el viejo camión. Pese al óxido de sus chapas, los abollones, algunos cables pelados y el símbolo de Agua y Energía despintado en las puertas, todavía impone respeto con su presencia. Pareciera que está listo para arrancar de un momento a otro.
La función básica del guinche fue levantar pesos, así fueran compuertas, motores, autos, tractores y todo animal que hubiera caído a los desagües o canales.
También se lo utilizó para colocar los bloques de defensa en las costas del río Negro y las bombas de extracción de agua en las chacras.
Distintas fuentes aseguraron que el camión entró al país después de las dos guerras mundiales que se registraron en el siglo pasado.
Se trataría de un Autocar COE 4x4, una especie de camión tractor pontón, muy utilizado desde 1940 por los ejércitos de Estados Unidos y Alemania.
El Campamento de AyE de Beltrán nació por aquellos años, en 1944, para desarrollar las obras de riego del Valle Medio. Y fueron Francisco “Paquito” Godoy, Ricardo Sacks y Anselmo Carente quienes décadas más tarde lo ensamblaron y le dieron la forma que aún mantiene.
Brindó servicios hasta 2016 y se retiró con orgullo: aún en funcionamiento y con patente actualizada.
“El camión es un rejuntado de motor Mercedes Benz 1114 con la cabina de una ñata gaucha. Eran camiones del ejército que entraron al país con motor Chevrolet, Mack o algo de eso. Acá en el Campamento se hizo todo un rejuntado”, explicó Erico Fandiño, ex trabajador de AyE.
Al brindar más detalles técnicos, dijo que el vehículo funcionaba con una caja, una reductora y como una volcadora. “Lo único es que la volcadora tiene un aditivo que mueve el engranaje para que levante el aceite. Y ese engranaje mueve de la reductora a una caja de cambios que va atrás, que es la que activa al trinquete para que gire la toma de fuerza”, añadió.
En el Campamento aún recuerdan el día en que unos ingenieros de Mercedes Benz vinieron a ver el guinche para llevarlo al museo de la firma alemana. Pero la iniciativa no prosperó.
COLÓN, EL CHOFER DE LA MÁQUINA
Aníbal Colón va a cumplir 82 años en marzo, fue “el chofer” de la máquina y la definió como “un camión noble, que no se rompía nunca”.
Ingresó a Agua y Energía en 1968, con 28 años de edad. Allí trabajó también su padre, como sereno. Aníbal trabajó antes en el aserradero de Cognini, mientras -en sus ratos libres- se destacaba en el fútbol en el equipo del Deportivo Beltrán.
Sus tareas en AyE las desarrolló en el taller, en herrería como soldador y también hizo de camionero. Así nació su vínculo especial con el guinche.
“Cuando entré al Campamento me contaron que el camión había llegado con un motor importado, pero ya le habían puesto el de un 1114. Cuando me jubilé, se jubiló el motor también. Nos duró 36 años sin hacerle nada”, relató Colón.
Entre los viajes con el guinche, mencionó distintas tareas que realizaron con cuadrillas en Río Colorado, Conesa, Chimpay, Belisle, Darwin y en el canal Pomona-SAO.
“Marchaba por caminos de tierra, asfalto, o a la vera de los canales, era un orgullo verlo pasar”, recordó Alberto Carrizo, un productor que recibió el servicio del vehículo. “No te cobraban nada, a veces se le pagaba el gasto de combustible por el traslado y la asistencia”, indicó.
CON EL CAMIÓN AL AGUA EN LA BOCATOMA
Colón disfrutó mucho de su trabajo en AyE. Dice tener “siete vidas como los gatos” y que se defiende en el agua “como los sapos”. Es que desde niño aprendió nadar en los canales de riego y saltar al agua desde los puentes que los cruzan.
Esa experiencia fue crucial para el día en que se encontraba manejando el guinche para quitar los troncos encajados en la zona de compuertas de la bocatoma. Estaba dando marcha atrás, con el cable tenso para levantar un peso del agua, cuando al camión se le cortó la manguera de aire y se quedó sin frenos.
El guinche se fue de cola al río. Dio un vuelco al entrar al agua y se hundió a cuatro metros de profundidad.
Pese a los golpes que recibió en la caída y a un leve desmayo, Aníbal relató a “Hoy Valle Medio” que alcanzó a ver la luz desde el fondo por la ventanilla. “Si el camión caía recto hubiera quedado atrapado contra el techo de la cabina y no la contaba más”, sostuvo con un dejo de angustia en la cara.
Pudo salir por la puerta sin ventanilla. Con unas rápidas brazadas y entre los troncos y ramas que flotaban, asomó a la superficie.
Era invierno. El peso de la campera y los botines le impedían trepar por el paredón de unos 80 cm. de alto que tiene la bocatoma.
Afuera, sus dos compañeros intentaron ayudarlo. “Morrón” Ibáñez, temiendo lo peor, corrió al otro lado de las compuertas para ver si lo habían chupado y lo tiraban.
Mauricio Ríos no le quitó sus ojos en todo momento. Le tiró una mano desde el muro, pero el peso de la ropa mojada, su cuerpo y el escalón alto y resbaladizo, le impidieron elevarlo.
La solución llegó con una rama larga. Mauricio le pidió que la agarrara y desde arriba lo fue arrastrando por la costa aguas arriba, hasta sacarlo hacia una zona playa.
“Vos te vas a morir el día en que lo decida el de arriba. Se ve que ese no era el momento”, dijo Aníbal desde el sillón del patio de su casa en Beltrán, mientras recibe el mate reparador de Laura, su esposa, con quien tuvo dos hijos y una hija. Son muchas las emociones que vuelven a su memoria y el cariño por el oficio que junto a sus compañeros desempeñó como operario en el barrio de Agua y Energía.
¿Sabés una cosa?, pregunta Colón antes de cerrar la entrevista.
Y lleno de entusiasmo y orgullo él mismo se responde: “la foto del guinche ñato se fue para Estados Unidos. Me la sacó un familiar de Roberto Rato -ex titular del Consorcio de Riego- que andaba de visita. El tipo no podía entender cómo hicimos para ensamblar este camión y todos los trabajos que hicimos”.



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